El 31 de octubre de 2025, en pleno centro de Montpellier, tuvo lugar una concentración frente a la Maison des Chœurs (Casa de los Coros), una antigua capilla desacralizada. Unas sesenta personas protestaron contra una fiesta de Halloween, calificándola de ataque a su fe e incluso de evento «satánico». Esta movilización refleja la creciente tensión entre las tradiciones religiosas y las celebraciones consideradas seculares. Una animada concentración para defender la espiritualidad
Al final del día, la plaza Albert-Ier de Montpellier resonó con los cantos religiosos interpretados por los fieles reunidos frente a la Maison des Chœurs. Este antiguo lugar de culto, aunque desacralizado, es considerado por algunos residentes como un importante sitio de patrimonio espiritual. La manifestación tenía como objetivo denunciar la celebración de una fiesta de Halloween en el lugar, que los manifestantes calificaron de «satánica». Un Pasado Religioso y Patrimonial Sensible La Maison des Chœurs (Casa de los Coros), antigua capilla donde los fieles oraban, alberga las tumbas de dos obispos de Montpellier. Para muchos creyentes, organizar un evento festivo de esta naturaleza supone una afrenta a la memoria y la respetabilidad del lugar. Este sitio, impregnado de historia religiosa, añade una dimensión emocional al debate, exacerbando los sentimientos de quienes consideran que Halloween es incompatible con este patrimonio.
Los Organizadores Desafían la Controversia A pesar de la controversia, los organizadores del evento han seguido adelante, defendiéndose de las críticas. Sostienen que esta iniciativa pretende ser humorística, apelando a la ironía. Esto implica un enfoque satírico, alejado de cualquier intención seria u hostil hacia la religión. Cabe destacar que la Maison des Chœurs ya había acogido dos eventos de Halloween anteriores sin incidentes graves ni revuelos similares. Un debate persistente entre lo sagrado y lo profano.
Esta oposición pone de relieve un debate más amplio sobre el lugar que ocupan las celebraciones populares en espacios históricamente dedicados al culto religioso. Para algunos, abrir estos espacios a eventos festivos podría diluir su carácter sagrado; para otros, representa una oportunidad para reinventar su función en la sociedad contemporánea, preservando al mismo tiempo su valor comunitario.