En enero de 1660, el joven Luis XIV, como parte de una impresionante gira organizada por el cardenal Mazarino, realizó una importante parada en la ciudad de Montpellier. Acompañado por su imponente séquito de 15.000 personas, el Rey Sol se retiró a este pintoresco paraje del Languedoc en pleno invierno. Este acontecimiento histórico, aunque poco conocido, dejó una huella imborrable en la ciudad, tanto por el esplendor de la bienvenida real como por las monedas conmemorativas acuñadas para la ocasión. Exploremos juntos los detalles de esta noche histórica que marcó para siempre la historia de Montpellier.

El contexto histórico del viaje de Luis XIV

Mucho antes de que su majestuosa estatua adornara la Explanada de Peyrou, Luis XIV emprendió, bajo la tutela del cardenal Mazarino, un viaje de descubrimiento por el sur de Francia. En enero de 1660, el joven rey y su suntuosa comitiva hicieron escala en Montpellier tras pasar por Béziers. Este viaje, que comprendía 95 etapas y recorría 3200 kilómetros, tenía como objetivo llevar al rey a San Juan de Luz para casarse con María Teresa de Austria, un matrimonio de gran importancia diplomática que pondría fin a la guerra entre Francia y España.

Montpellier: Una bienvenida real, gélida pero cálida

El 5 de enero de 1660, a pesar del intenso frío que reinaba en Montpellier, la ciudad ofreció una bienvenida de gran prestigio a Luis XIV y su séquito. La familia real, incluyendo a Ana de Austria, Monsieur d’Anjou y La Grande Mademoiselle, fue recibida por el conde du Roure, entonces teniente general del Languedoc. Se requisaron las más elegantes mansiones privadas para alojar a los invitados reales con la comodidad propia de su rango.

Los aposentos reales

Ana de Austria se alojó en la residencia del Sr. de Castries, mientras que Mademoiselle d’Orléans se alojó en el Hôtel d’Audessan. El cardenal Mazarino optó por residir en el Hôtel de Solas. Luis XIV, por su parte, fue recibido en la casa más elegante de Montpellier, perteneciente al Sr. de Robin. Aunque este edificio ya no existe, ahora ocupa el lugar de la Place de la Comédie, cerca del Café Riche.

Marcas Eternas: Monedas Conmemorativas

Para conmemorar esta visita real, se acuñaron monedas en Montpellier. Los numismáticos buscan con avidez estas piezas, en particular un doceavo de escudo de plata y un Luis de oro. Estas monedas siguen siendo valiosos testimonios de este acontecimiento excepcional que marcó la historia de Montpellier.